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Cosecha de energía cinética humana: el futuro del poder personal

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El concepto parece sacado de una novela steampunk o de una advertencia distópica. Estamos hablando de recolectar energía del movimiento humano. Suena arcaico. Poco práctico. Pero no lo es.

Los humanos somos baterías andantes. Un adulto sano genera aproximadamente 100 kilovatios-hora de energía al año. Lo produces con sólo existir. Caminando. Al respirar.

Sin embargo, rara vez capturamos ese resultado. La mayor parte se disipa en forma de calor. Se pierde en la atmósfera. Pero las nuevas tecnologías en Francia y Suecia están demostrando que podemos aprovechar esta central eléctrica interna sin convertir a las personas en los modernos galeotes.

El mito del movimiento desperdiciado

Durante décadas, la idea de que el movimiento humano pudiera impulsar algo más que un reloj de pulsera fue descartada por considerarla científicamente curiosa. Las matemáticas parecían sugerir lo contrario. La cantidad de energía cinética liberada en un solo paso es minúscula. No es suficiente para encender una bombilla, y mucho menos cargar un teléfono o alimentar una casa.

“La mayor parte de la energía producida por el cuerpo humano se pierde en forma de calor. Captarla requiere algo más que una simple losa piezoeléctrica.”

Por eso los intentos anteriores fracasaron. Se basaron en sensores de presión simples. Ignoraron la eficiencia. Carecían de la escala para hacer mella en el consumo de energía. Pero el panorama está cambiando. El enfoque ha pasado de generar energía a granel a recolectar microenergía para dispositivos de bajo consumo.

Pasos suecos y suelos franceses

En Europa están surgiendo dos enfoques distintos. No dependen de la fuerza bruta. Se basan en la precisión.

En Suecia, los investigadores están estudiando la infraestructura. Están incorporando materiales piezoeléctricos en áreas de mucho tráfico. Piensa en las estaciones de tren. Andenes de metro concurridos. El objetivo no es alimentar la red. Es para alimentar los sensores que monitorean esa misma red. Cuando miles de personas caminan sobre estas baldosas diariamente, el estrés mecánico colectivo genera electricidad. Es un chorrito. Pero es consistente.

Francia está tomando un camino diferente. Aquí, la innovación es portátil. La atención se centra en la ropa y el calzado. La tecnología convierte el movimiento de las articulaciones (la flexión de una rodilla, la flexión de un tobillo) en corriente eléctrica. Estos dispositivos están diseñados para recolectar energía durante las actividades ordinarias. Caminando. Correr. Incluso bailando.

Por qué es importante ahora

Cabría preguntarse por qué gastamos dinero en rendimientos tan pequeños. ¿Por qué no limitarse a la energía solar o eólica?

La respuesta está en la descentralización.

Avanzamos hacia un mundo de dispositivos de Internet de las cosas (IoT). Sensores en puentes. Monitores de salud en hospitales. Cerraduras inteligentes en viviendas. Estos dispositivos no necesitan megavatios. Necesitan microvatios. Necesitan energía que esté disponible en todas partes, sin necesidad de reemplazar baterías ni conexiones por cable.

La energía cinética humana es omnipresente. Siempre está ahí. Mientras la gente se mueva, existe la posibilidad de recolectar energía. No se trata de sustituir la red eléctrica. Se trata de eliminar la necesidad de baterías en miles de millones de pequeños dispositivos.

La verificación de la realidad

¿Esta tecnología impulsará su coche eléctrico? No.

¿Reemplazará el enchufe de tu pared? En absoluto.

La eficiencia sigue siendo baja. El coste de los materiales sigue siendo elevado. Pero para aplicaciones específicas de bajo consumo, es una solución viable. Ofrece una manera de extender la duración de la batería de la tecnología portátil. proporciona

Quemamos calorías con sólo existir. Nuestros cuerpos son fábricas de energía constante que ejecutan funciones esenciales incluso cuando estamos completamente quietos. Pero también generamos energía. Cualquiera que haya andado en bicicleta conoce el principio de la dinamo, que convierte la fuerza muscular en electricidad para el faro. Este concepto se está expandiendo más allá del ejercicio hacia el movimiento cotidiano. Un club nocturno de los Países Bajos descubrió hace años cómo aprovechar la presión de los pies bailando. Esa idea se está poniendo de moda. La gente camina por todas partes. Cada paso genera unos seis vatios.

La red eléctrica ambulante

Toulouse, la cuarta ciudad más grande de Francia, ha instalado lo que se llama la “acera eléctrica”. El sistema, conocido como “Trott-Èlec”, utiliza pequeños generadores escondidos bajo el pavimento. Estas unidades funcionan según el mismo principio que una báscula de baño. Cuando pisas los platos, se deprimen ligeramente. Esta acción mecánica convierte la energía cinética en electricidad.

El proyecto aún se encuentra en su fase de desarrollo. Las autoridades confían en que podrán cubrir una parte importante de las necesidades energéticas de la ciudad utilizando este método. Específicamente, la energía recolectada alimentará la red de alumbrado público local. Resulta que el simple hecho de desplazarse al trabajo podría ayudar a iluminar el camino a casa.

Cosechando calor corporal en Estocolmo

Estocolmo adopta un enfoque diferente respecto de la energía generada por el hombre. La principal estación de tren de la ciudad, la más grande de Suecia, depende del calor corporal. Miles de personas se agolpan diariamente en espacios reducidos. Hace calor. Incómodamente caliente. Pero ese calor residual es valioso.

El sistema capta la energía térmica de los 250.000 viajeros diarios. Los intercambiadores de calor recogen este calor y lo utilizan para calentar agua. Esa agua caliente luego fluye hacia el sistema de calefacción de un edificio de oficinas cercano. ¿El resultado? Una reducción del 25% en la demanda energética del edificio. Es una solución localizada. Pequeño, tal vez. Pero fácilmente replicable en otros centros urbanos.

La conexión del gimnasio

Ya tenemos la tecnología para capturar el esfuerzo humano. Simplemente no hemos conectado los puntos en todas partes.

Piénselo.

Los gimnasios están llenos de gente que quema energía en cintas de correr y bicicletas estáticas. Las máquinas generan resistencia. Generan movimiento. ¿Por qué no están conectados a la red?

Si un solo paso produce seis vatios, imagine los kilovatios generados por un gimnasio lleno de gente durante la hora pico de la mañana. La energía está ahí. Es gratis. Se está desperdiciando.

Sólo hace falta una ciudad para descubrir esto y demostrar que funciona. Luego vendrá el resto. Estamos caminando sobre una fuente de energía. Sólo tenemos que empezar a recolectarlo.

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