El ‘agujero de gravedad’ de la Antártida revela la profunda evolución interior de la Tierra

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Una anomalía gravitacional persistente debajo de la Antártida ofrece a los científicos una ventana única al funcionamiento interno del planeta. Este “agujero de gravedad”, conocido formalmente como Geoide Antártico Bajo, no es un vacío físico, sino una huella a largo plazo de movimientos lentos y poderosos dentro del manto de la Tierra, procesos que remodelaron nuestro planeta a lo largo de decenas de millones de años.

Una ventana a la dinámica de la Tierra profunda

Investigadores de la Universidad de Florida han reconstruido la evolución de esta anomalía gravitatoria durante los últimos 70 millones de años, confirmando su presencia duradera. El estudio muestra que esta característica no es una fluctuación aleatoria, sino una firma constante de las corrientes profundas de la Tierra que se agitan a miles de kilómetros por debajo de la capa de hielo de la Antártida.

La anomalía refleja cómo se distribuye la masa dentro del planeta. Las rocas del manto más calientes y flotantes se elevan, mientras que las losas más frías y densas se hunden. Estos movimientos lentos pero masivos remodelan sutilmente el campo de gravedad de la Tierra. Donde la gravedad es más débil, como en la Antártida, la “superficie nivelada” del océano (el geoide) se encuentra más cerca del centro del planeta. Esto crea una depresión amplia y suave en el campo de gravedad de la Tierra: el valle de longitud de onda larga más profundo del planeta.

Midiendo lo imperceptible

El efecto de esta anomalía en las personas es insignificante: una persona de 198 libras pesaría sólo entre 5 y 6 gramos menos en esa región. Sin embargo, científicamente, es profundo. Revela cómo se organiza el material en las profundidades de la Tierra y cómo esa distribución ha evolucionado a lo largo del tiempo geológico. Los científicos reconstruyen el pasado ejecutando modelos basados ​​en la física hacia atrás en el tiempo utilizando imágenes sísmicas del manto actual.

La sorprendente consistencia de esta característica es clave. La baja gravedad ha persistido durante gran parte de los últimos 70 millones de años, intensificándose en el momento en que la Antártida pasó a ser un continente permanentemente cubierto de hielo, hace aproximadamente 34 millones de años. Este momento sugiere un vínculo potencial: los cambios en el campo gravitatorio de la Tierra podrían influir sutilmente en el nivel del mar regional, afectando la formación de la capa de hielo.

Implicaciones para el clima y la ciencia planetaria

Hoy en día, la baja geoide antártica hace que la superficie del mar definida por la gravedad se encuentre aproximadamente 394 pies (120 metros) por debajo del promedio global. Durante millones de años, estos cambios gravitacionales podrían haber influido en las condiciones límite de la capa de hielo. Si bien la glaciación fue impulsada por múltiples fuerzas, incluidos los niveles de CO₂ y las corrientes oceánicas, este estudio destaca un proceso interno de la Tierra que ocurrió en el momento y la escala adecuados para afectar potencialmente la superficie del mar.

La Tierra no es el único planeta con anomalías de gravedad. Las variaciones de longitud de onda larga en Marte y Venus insinúan estructuras interiores y actividad geológica antigua. Sin embargo, la Tierra es única porque las mediciones de la gravedad pueden cotejarse con la sismología y el registro geológico, lo que permite a los científicos reconstruir cómo evolucionaron estas características a lo largo del tiempo.

“Nuestro estudio muestra cómo la dinámica profunda de la Tierra puede remodelar el campo gravitatorio a lo largo del tiempo geológico”, afirma el coautor del estudio, Alessandro Forte. “Si eso se tradujo en una influencia mensurable sobre el clima/hielo es una cuestión aparte que requiere modelos y evidencia adicionales”.

Comprender estos procesos en las profundidades de la Tierra ofrece una visión fundamental de la evolución planetaria. La persistente baja gravedad antártica es un poderoso recordatorio de que las fuerzas que dan forma a nuestro planeta se extienden mucho más allá de la superficie, remodelando continuamente el campo gravitatorio de la Tierra de maneras que los científicos apenas están comenzando a comprender.