La próxima misión Artemis 2 de la NASA, cuyo lanzamiento está previsto para el 1 de abril, enviará a cuatro astronautas en un sobrevuelo lunar de diez días. Si bien todos los vuelos espaciales tripulados conllevan peligros inherentes, la agencia duda notablemente a la hora de cuantificar los riesgos asociados con esta misión en particular: el primer vuelo tripulado del programa Artemis. La falta de datos firmes, dado que este es sólo el segundo lanzamiento del cohete Space Launch System (SLS), contribuye a la incertidumbre.
Contexto histórico y evaluación de riesgos
Los funcionarios de la NASA, durante una conferencia de prensa reciente, fueron presionados repetidamente para obtener porcentajes de riesgo específicos. John Honeycutt, presidente del equipo de gestión de la misión Artemis 2, señaló que históricamente los lanzamientos por primera vez de nuevos cohetes tienen una tasa de éxito de alrededor del 50%. Si bien los programas establecidos de vuelos espaciales tripulados como el Programa de Tripulación Comercial (vuelos de SpaceX y Boeing a la ISS) operan con una tasa de falla estimada de 1 entre 200, la cadencia de lanzamiento irregular del programa Artemis complica la comparación directa.
“Probablemente no seamos 1 de cada 50 en la misión exactamente como queremos, pero probablemente no seamos 1 de cada 2 como en el primer vuelo”. – John Honeycutt, presidente del equipo de gestión de la misión de Artemis 2
Un informe reciente de la Oficina del Inspector General (OIG) de la NASA ilustra aún más los desafíos. La OIG estima una probabilidad de 1 entre 30 de fracaso general de la misión para los alunizajes tripulados y un riesgo de 1 entre 40 específicamente durante las operaciones lunares. A modo de comparación, el programa Apolo enfrentó un riesgo alarmante de 1 entre 10 de pérdida de tripulación, mientras que el programa del Transbordador Espacial inicialmente creyó que su riesgo era de 1 entre 100, pero luego determinó que estaba más cerca de 1 entre 10.
Los desafíos de las estimaciones probabilísticas
La reticencia de Honeycutt a asignar cifras precisas es lógica. Los datos históricos sugieren que las evaluaciones iniciales de riesgos en los vuelos espaciales suelen ser imprecisas y requieren revisión a medida que se dispone de más datos. El pequeño tamaño de la muestra y el conjunto diverso de peligros potenciales dificultan la predicción precisa.
Una preocupación importante destacada por los modelos de la NASA son los micrometeoroides y los desechos orbitales (MMOD), que representan una amenaza sustancial. Sin embargo, la agencia reconoce que a menudo ocurren fallas catastróficas durante fases de alta energía como el lanzamiento o el reingreso, como lo demostraron los desastres del Challenger y Columbia, lo que genera escepticismo sobre si MMOD realmente representa el mayor riesgo.
El enfoque cauteloso de la agencia es comprensible, dada la incertidumbre inherente a los programas en sus primeras etapas. La NASA prefiere evitar estadísticas prematuras y potencialmente engañosas, especialmente cuando se trata de vidas humanas. La transparencia que rodea este riesgo (incluso si se trata de admitir que no se conocen las cifras exactas) es un enfoque pragmático para gestionar las expectativas y garantizar la ejecución responsable de la misión.
En última instancia, Artemis 2 representa un riesgo calculado. La NASA está actuando con cautela, reconociendo que si bien la misión está diseñada para tener éxito, la posibilidad de fracaso sigue siendo real.























