La creencia común de que las malas hierbas prosperan sólo en suelos pobres es un mito de larga data en jardinería. Si bien mejorar la fertilidad del suelo puede reducir la presencia de malezas, la relación es mucho más compleja que simplemente “a las malezas les encanta la tierra mala”. La realidad es que muchas malezas no sólo toleran malas condiciones sino que prefieren activamente suelos ricos en nutrientes, borrando la línea entre plantas no deseadas y especies cultivadas.
¿Qué es incluso es una mala hierba?
El término “hierba” es sorprendentemente arbitrario. Se refiere a cualquier planta que crece donde los humanos no la quieren: una designación cultural, no botánica. Las plantas consideradas invasoras en una región pueden ser apreciadas en otra parte. Tomemos como ejemplo el diente de león: denostado en el Reino Unido, donde es blanco de herbicidas, pero vendido por hasta 100 dólares la semilla en Singapur como una curiosidad exótica.
Esta subjetividad se extiende más allá. Cinco de las especies de plantas más invasoras a nivel mundial se introdujeron originalmente como ornamentales de jardín, lo que demuestra con qué facilidad se disuelve la distinción entre “mala hierba” y “flor”. Esto plantea la pregunta: si la etiqueta se basa en la preferencia humana, ¿podemos siquiera definir consistentemente qué es una maleza?
El mito de la tierra infértil
La idea de que las malezas indican un suelo pobre tiene una base en la observación: mejorar la fertilidad del suelo sí a menudo conduce a menos malezas. Sin embargo, esto no se debe a que las malas hierbas requieran mala tierra. Más bien, un suelo más rico permite que florezcan especies de plantas más competitivas, superando a los “pioneros” más resistentes que dominan los terrenos perturbados o abandonados.
Esto quedó dramáticamente demostrado en la Europa del siglo XX con la adopción generalizada de fertilizantes sintéticos. El uso de fertilizantes permitió que los pastos superaran a las flores silvestres como los acianos y las amapolas con tanta eficacia que algunas ahora están en peligro de extinción en el Reino Unido. ¿La ironía? Estas mismas flores silvestres son ahora plantas de jardín muy buscadas y de moda.
¿Qué plantas en realidad prefieren suelos ricos?
Contrariamente a la creencia popular, muchas malezas comunes prosperan en ambientes ricos en nutrientes. Las ortigas, por ejemplo, florecen en terrenos fértiles. Los dientes de león también crecen bien en suelos ricos en nitrógeno, lo que demuestra que las malas hierbas no siempre son indicadores de infertilidad.
Conclusión
La idea de que las malas hierbas aman exclusivamente los suelos pobres es una simplificación. Las plantas etiquetadas como malezas reflejan con mayor precisión las preferencias humanas y las prácticas agrícolas cambiantes. Lo que hoy se considera no deseado podría fácilmente ser la especie preciada del mañana, lo que pone de relieve la naturaleza fluida de nuestra relación con el mundo vegetal.
El artículo original está disponible en newscientist.com/maker.























