Una sola moneda de plata descubierta en 1957 en un sitio arqueológico en Maine sigue siendo una pista tentadora en la antigua pregunta de si los vikingos llegaron a este estado. La moneda, que data de finales de la era vikinga (aproximadamente entre 793 y 1066 d. C.), genera un debate sobre la exploración vikinga más allá de los asentamientos establecidos en Groenlandia y Terranova. Si bien no existe evidencia concluyente de asentamientos nórdicos en Maine, la presencia de la moneda sugiere un posible contacto a través del comercio u otros medios indirectos.
El centavo de Maine: un artefacto de incertidumbre
La moneda, que ahora se encuentra en el Museo del Estado de Maine, no es una reliquia prístina. Acuñada durante el reinado de Olaf III de Noruega (1066-1093), lleva una cruz desgastada en un lado y grabados dañados en el otro, que probablemente representan al propio Olaf. La moneda fue encontrada en el sitio de Goddard, un centro comercial de nativos americanos de los siglos XII y XIII en Brooklin, Maine. Una marca de punción indica que pudo haber sido usado como joyería, lo que sugiere que cambió de manos muchas veces antes de su descubrimiento.
El estado y la ubicación de la moneda plantean dudas sobre cómo viajó a Maine. Los vikingos eran hábiles marineros que establecieron puestos de avanzada en Groenlandia y Terranova (L’Anse aux Meadows) en el siglo XI, pero no hay asentamientos confirmados ni artefactos adicionales que demuestren que los vikingos fueron más al sur.
Rutas comerciales: la explicación más probable
Los expertos coinciden en gran medida en que la moneda llegó a Maine a través de redes comerciales indígenas en lugar de viajes vikingos directos. Andrew Beaupré, curador del Museo Estatal de Maine, explica que Goddard era un centro comercial regional, con mercancías que llegaban desde lugares tan lejanos como Terranova y Labrador. Otros artefactos indígenas encontrados en el sitio confirman estas conexiones.
Svein Gullbekk, profesor de la Universidad de Oslo, cree que la moneda probablemente circulaba entre los nativos americanos como elemento ornamental más que como moneda. Esta perspectiva se alinea con el estado de desgaste de la moneda y la marca de perforación. Joel Anderson, profesor asociado de la Universidad de Maine, comparte esta opinión y señala la falta de otros hallazgos relacionados con los vikingos en Maine.
Por qué esto importa: más allá del mito
El Maine Penny es un recordatorio de que los viajes vikingos no se limitaron a la colonización directa. Incluso si los vikingos no se establecieron en Maine, su influencia se extendió a través del comercio y el intercambio cultural con las poblaciones indígenas. La historia de la moneda destaca la compleja interconexión de las culturas antiguas y las limitaciones de la evidencia arqueológica a la hora de reconstruir el pasado. Sin más hallazgos, el Maine Penny sigue siendo una pieza fascinante, aunque no concluyente, del rompecabezas.
La cuestión de la presencia vikinga en Maine no tiene que ver sólo con la precisión histórica. Habla de nuestra fascinación por la exploración, la difusión cultural y el poder duradero de los artefactos individuales para provocar debate e imaginación.























