La zona de exclusión de Chernóbil, cerrada tras el desastre nuclear de 1986, no está desierta. La vida persiste y, para algunos organismos, la radiación persistente podría incluso ser una ventaja. Los científicos han descubierto un hongo negro resistente, Cladosporium sphaerospermum, que prospera dentro de las estructuras más radiactivas de la central eléctrica abandonada. Este hongo no sólo sobrevive; parece estar adaptándose a un entorno letal para la mayoría de las demás formas de vida.
El misterio de la radiosíntesis
La clave de esta adaptación puede estar en el pigmento oscuro de melanina del hongo. Algunos investigadores plantean la hipótesis de que C. sphaerospermum utiliza radiación ionizante en un proceso similar a la fotosíntesis, denominado “radiosíntesis”. En lugar de la luz solar, el hongo puede estar aprovechando la energía de la desintegración radiactiva. Sin embargo, sigue siendo difícil encontrar pruebas concretas; nadie ha demostrado todavía que el hongo realmente usa radiación para crecer o crear energía.
El descubrimiento se remonta a finales de la década de 1990, cuando el equipo de la microbióloga ucraniana Nelli Zhdanova encontró 37 especies de hongos, incluido C. sphaerospermum, dominando las muestras tomadas dentro del refugio del reactor. El hongo destacó por sus altos niveles de contaminación y su aparente resistencia a la radiación. Experimentos posteriores realizados por científicos de la Facultad de Medicina Albert Einstein demostraron que la radiación ionizante no daña el hongo, sino que parece mejorar su crecimiento.
El papel de la melanina: ¿escudo o reactor?
La radiación ionizante rompe moléculas y daña el ADN, lo que la hace mortal para la mayoría de los organismos. Sin embargo C. sphaerospermum no sólo sobrevive sino que prospera en este entorno. El pigmento de melanina puede actuar como escudo contra efectos nocivos y como fuente potencial de energía. La idea es que la melanina podría convertir la radiación ionizante en energía utilizable, de forma similar a como la clorofila captura la luz.
Un experimento de 2022 incluso llevó el hongo al espacio y lo conectó a la Estación Espacial Internacional para probar su capacidad para bloquear la radiación cósmica. El hongo redujo la penetración de la radiación, lo que sugiere su potencial como material de protección para futuras misiones. Sin embargo, esto no explica cómo lo hace el hongo.
Lo que aún no sabemos
A pesar de los intrigantes hallazgos, aún no hay pruebas definitivas de la radiosíntesis. Los científicos aún no han observado la fijación de carbono impulsada por la radiación ionizante o una vía clara de recolección de energía. Es posible que el hongo simplemente sea mejor que otros organismos para reparar el daño por radiación, o que la melanina podría estar desencadenando algún otro mecanismo de supervivencia.
Otros hongos melanizados no exhiben el mismo comportamiento, lo que sugiere que esta adaptación no es universal. Ya sea C. sphaerospermum realmente “come” radiación o simplemente sobrevive a pesar de ello, sigue siendo desconocido.
En última instancia, este hongo resistente demuestra que la vida encuentra un camino, incluso en los ambientes más extremos. El mecanismo exacto detrás de su supervivencia en Chernobyl sigue siendo un misterio, pero subraya la increíble adaptabilidad de la vida en la Tierra.




















