Una bacteria de 5.000 años de antigüedad descubierta en Colombia cambia la comprensión de los orígenes de la sífilis, lo que sugiere que la enfermedad infectó a los humanos mucho antes del auge de la agricultura. El hallazgo desafía las suposiciones sobre cuándo y cómo surgieron las enfermedades comunes, lo que plantea preguntas sobre los antiguos reservorios de enfermedades y la evolución de los patógenos.
ADN antiguo revela una infección temprana inesperada
Investigadores analizando un hueso humano de 5.500 años de antigüedad descubrieron el genoma de Treponema pallidum –la bacteria responsable de la sífilis, el bejel y el pian– en una muestra de la sabana de Bogotá. Esto es sorprendente porque el individuo no mostró signos esqueléticos de infección, lo que sugiere que la bacteria pudo haber existido en humanos sin causar síntomas detectables inmediatos.
El descubrimiento altera fundamentalmente nuestra línea de tiempo. Anteriormente, se creía que la mayoría de las enfermedades infecciosas se propagaban rápidamente sólo después del advenimiento de la agricultura sedentaria, cuando las poblaciones más densas proporcionaban rutas de transmisión más fáciles. Sin embargo, esta antigua cepa es anterior a la agricultura intensiva por milenios, lo que significa que los primeros grupos humanos de cazadores-recolectores ya estaban expuestos a estos patógenos.
Una historia diversificada del treponema
El genoma antiguo no coincide con ninguna cepa moderna conocida. Esto implica que la familia Treponema ya se estaba diversificando en América hace miles de años. Fundamentalmente, la cepa antigua parece haber conservado rasgos genéticos que hacen que las cepas modernas sean dañinas, lo que significa que las infecciones tempranas probablemente fueron graves.
Este hallazgo subraya una coevolución a largo plazo entre Treponema y las poblaciones humanas. Los científicos ahora creen que estas bacterias pueden haber estado infectando a humanos en todo el mundo durante mucho más tiempo de lo que se imaginaba anteriormente. El descubrimiento también podría arrojar luz sobre patógenos “desaparecidos” como Treponema carateum, que causa la enfermedad de la piel pinta, pero que nunca ha sido verificado genéticamente.
Implicaciones para la investigación de patógenos
Comprender cómo evolucionaron estos antiguos patógenos es esencial para combatir las enfermedades modernas. Al identificar las peculiaridades genéticas que permiten que Treponema infecte nuevos huéspedes y aumente su virulencia, los investigadores pueden desbloquear nuevas estrategias para prevenir futuros brotes.
“Nuestros resultados pueden decirnos mucho sobre la historia evolutiva a largo plazo de [esta bacteria] al revelar una asociación de larga data con poblaciones humanas”, dice Davide Bozzi de la Universidad de Lausana.
El estudio plantea más preguntas: ¿existieron cepas extintas de Treponema que causaron diferentes enfermedades en el pasado? ¿Qué genomas antiguos adicionales podrían revelar sobre el alcance total de la historia de este patógeno? Estas investigaciones serán fundamentales para comprender cómo los patógenos evolucionan, se adaptan y continúan planteando amenazas a la salud humana.
El descubrimiento de esta antigua cepa Treponema es un momento crucial en la historia de la enfermedad, lo que obliga a reevaluar las suposiciones arraigadas sobre los orígenes de las enfermedades infecciosas y la dinámica de las interacciones entre humanos y patógenos.
