Décadas después de una única ola de calor, el ecosistema del Atlántico Norte sigue cambiando radicalmente

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Décadas después de una única ola de calor, el ecosistema del Atlántico Norte sigue cambiando radicalmente

Una única ola de calor marino extremo en 2003 desencadenó cambios ecológicos duraderos y generalizados en el Atlántico Norte que continúan remodelando la red alimentaria del océano y la distribución de especies en la actualidad. Una nueva investigación confirma que este evento no fue una anomalía aislada, sino el comienzo de una tendencia de calentamiento prolongada, y desde entonces la frecuencia de las olas de calor marinas (MHW) ha aumentado dramáticamente.

La ola de calor de 2003: un punto de inflexión

La ola de calor de 2003 se produjo cuando aguas subtropicales inusualmente cálidas inundaron el Mar de Noruega debido a un giro subpolar debilitado. Al mismo tiempo, la afluencia habitual de aguas frías del Ártico disminuyó, creando una tormenta perfecta para picos dramáticos de temperatura, algunos de los cuales penetraron hasta 700 metros (2300 pies). Esto provocó una rápida pérdida de hielo marino y una reorganización fundamental del ecosistema marino.

Por qué esto es importante: El Atlántico Norte es una zona crítica para las corrientes oceánicas y la pesca a nivel mundial. Los cambios aquí se extienden por todo el sistema, impactando los patrones climáticos, las poblaciones de peces e incluso la migración de las ballenas. El evento de 2003 demuestra cuán rápido incluso un solo evento extremo puede desestabilizar toda una región marina.

Cascada Ecológica: Ganadores y Perdedores

El calentamiento de las aguas favoreció a las especies adaptadas a condiciones más cálidas, expulsando a los organismos de aguas frías. Las ballenas barbadas, históricamente raras en la región, comenzaron a aparecer en 2015 a medida que el hielo marino retrocedía. Las orcas, ausentes durante décadas, también han sido avistadas con mayor frecuencia. Por el contrario, las poblaciones de especies que dependen del hielo, como los narvales y las focas capuchas, disminuyeron drásticamente después de 2004.

La ola de calor también provocó cambios en los niveles tróficos más bajos: las floraciones de fitoplancton explotaron, beneficiando a los que se alimentan del fondo, como las estrellas frágiles y los gusanos. El bacalao del Atlántico, un depredador oportunista, prosperó gracias al aumento del suministro de alimentos. Sin embargo, especies de presa cruciales, como el lanzón, desaparecieron, provocando efectos en cascada en peces más grandes como el eglefino. El capelán, una fuente vital de alimento tanto para las ballenas como para el bacalao, ha migrado al norte en busca de aguas más frías, enfrentando opciones limitadas a medida que el Ártico se calienta.

La huella humana

El aumento de los MHW está relacionado con el cambio climático causado por el hombre. El océano absorbe la mayor parte del exceso de calor atrapado por los gases de efecto invernadero y el Atlántico Norte es particularmente vulnerable. El derretimiento del hielo marino agrava el problema al reducir la reflectividad, lo que provoca un mayor calentamiento.

El problema central: La velocidad del cambio está superando la capacidad de adaptación de muchas especies. Si bien podemos predecir cómo el aumento de las temperaturas afecta el metabolismo, las consecuencias ecológicas (depredación, cambios de zonas de desove y opciones limitadas de migración) son mucho más complejas.

¿Una nueva normalidad?

Las repetidas olas de calor que siguieron a 2003 sugieren que el Atlántico Norte está entrando en un nuevo estado ecológico. Las consecuencias a largo plazo de estos cambios aún no están claras, pero los investigadores enfatizan la necesidad de comprender la interacción entre el giro subpolar, el intercambio de calor aire-mar y otros factores estresantes.

La ola de calor marina de 2003 sirve como una cruda advertencia: incluso un solo evento extremo puede desencadenar cambios irreversibles en los ecosistemas marinos, con implicaciones que se sentirán durante generaciones.