Durante décadas, la ciencia médica funcionó bajo el supuesto de que ciertas mutaciones genéticas conducían inevitablemente a enfermedades específicas. Se pensaba que afecciones como la enfermedad de Huntington y la ceguera hereditaria eran deterministas: portar el gen, desarrollar la afección. Sin embargo, una nueva investigación innovadora revela que este modelo está lejos de ser exacto, ya que muchas de las llamadas enfermedades “mendelianas” han demostrado ser mucho más complejas de lo que se pensaba anteriormente.
El mito de la certeza
El principio central de la genética mendeliana es que una única mutación genética dicta el resultado de una enfermedad. Esto contrasta marcadamente con las condiciones influenciadas por múltiples genes y factores ambientales, donde la previsibilidad es limitada. Pero el nuevo estudio, publicado en el American Journal of Human Genetics, sugiere que incluso las condiciones que antes se consideraban estrictamente mendelianas están sujetas a una variabilidad significativa.
Los investigadores descubrieron que las variantes genéticas que antes se creía que causaban ceguera en casi todos los portadores en realidad resultan en pérdida de visión en menos del 30% de los casos. Esta discrepancia plantea preguntas fundamentales sobre cómo interpretamos el riesgo genético y la naturaleza misma de las enfermedades hereditarias.
Cómo el estudio cuestionó los supuestos
El equipo de investigación, dirigido por el Dr. Eric Pierce de Mass Eye and Ear y la Facultad de Medicina de Harvard, analizó datos de dos biobancos masivos: el programa de investigación “All of Us” de los Institutos Nacionales de Salud y el Biobanco del Reino Unido. Estas bases de datos contienen datos de secuenciación genética, registros médicos e incluso imágenes de retina de cientos de miles de personas.
El equipo examinó 167 variantes genéticas fuertemente relacionadas con trastornos hereditarios de la retina (IRD). Los resultados fueron sorprendentes: entre el 9,4% y el 28,1% de las personas portadoras de estas variantes no tenían indicios de pérdida de visión en sus registros médicos. Las imágenes de la retina del Biobanco del Reino Unido confirmaron esta tendencia, mostrando que solo entre el 16,1% y el 27,9% de los portadores presentaban signos de enfermedad retiniana.
Más allá de la ceguera: una tendencia más amplia
Este no es un caso aislado. Han surgido hallazgos similares en estudios sobre insuficiencia ovárica (donde el 99,9% de las variantes supuestamente causantes de enfermedades se encontraron en mujeres sanas) y ciertas formas de diabetes hereditaria. La genetista Anna Murray de la Universidad de Exeter señala que “estamos en una era en la que se descubre mucho más sobre la complejidad de nuestros genomas”.
El estudio destaca un defecto metodológico crítico en la investigación genética tradicional: el sesgo de determinación. Al centrarse únicamente en los individuos afectados y sus familias, los investigadores a menudo sobreestiman la penetrancia de los genes que causan enfermedades.
El papel de los genes protectores
Los nuevos hallazgos sugieren que las personas portan numerosos genes, algunos de los cuales pueden ofrecer protección contra enfermedades. El Dr. Pierce explica que “la mutación que solíamos pensar que causaba la enfermedad el 100% de las veces no existe de forma aislada”. Esto abre la puerta para identificar estas variantes protectoras y potencialmente desarrollar nuevos tratamientos.
Implicaciones para futuras investigaciones
Si bien identificar estos genes protectores requiere un análisis de datos exhaustivo, los investigadores creen que muchos trastornos acabarán demostrando ser más complejos de lo que se pensaba anteriormente. Los hallazgos también subrayan la necesidad de biobancos más diversos y modelos de laboratorio mejorados para probar con precisión las mutaciones genéticas y sus efectos.
En conclusión, la visión simplista de la genética como una fuerza determinista se está desmoronando. La realidad tiene muchos más matices, y la predisposición genética es sólo una pieza de un complejo rompecabezas. Este cambio en la comprensión tiene profundas implicaciones para la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades en los años venideros.
