La mercantilización de la salud en la era digital

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Durante siglos, el dinero ha influido en la atención sanitaria, desde el marketing farmacéutico hasta la investigación financiada. Sin embargo, la escala, la velocidad y la intimidad de esta influencia han cambiado drásticamente. Una nueva ola de entidades comerciales ahora dirige sutilmente las decisiones de salud cotidianas, llenando los vacíos que dejan los sistemas de salud sobrecargados y convirtiendo el bienestar en una mercancía.

El auge de los sistemas de salud paralelos

Históricamente, los médicos tenían casi el monopolio del conocimiento médico. Esto se está disolviendo rápidamente. Está surgiendo un sistema paralelo, impulsado por las demandas de salud de los consumidores. Las empresas emergentes, las aplicaciones, las clínicas en línea y las personas influyentes compiten por la autoridad y monetizan su influencia. Dondequiera que se necesite atención, respuestas o tranquilidad, intervienen intereses comerciales.

Hoy en día existe una solución (y un producto) para casi cada dolencia o aspiración. Los rastreadores de actividad física miden los pasos y el sueño, las aplicaciones de meditación venden calma a través de suscripciones y los biomarcadores se transforman en métricas comercializables. Las pruebas genéticas y los planes de nutrición personalizados prometen una superación personal, que a menudo supera la evidencia científica real.

La mercantilización de síntomas y experiencias

Nuestros síntomas, traumas y tratamientos se están mercantilizando. Los podcasters presentan soluciones mientras ocultan los conflictos de intereses. Los influencers monetizan sus diagnósticos. Las condiciones se convierten en memes y mercancías. Incluso los médicos se posicionan como rebeldes cuando venden tratamientos o pruebas. No se trata sólo de elecciones individuales; se trata de un cambio sistémico.

Gran parte de esto ocurre en línea, donde las regulaciones luchan por seguir el ritmo de las afirmaciones y anuncios en rápida evolución. Los consejos de salud ahora prosperan en plataformas diseñadas para el entretenimiento, guiadas por algoritmos opacos. La gente recurre cada vez más a TikTok, YouTube, Instagram y Facebook en busca de orientación y apoyo.

El complejo industrial-bienestar y el yo mercantilizado

Esta fusión de marcas farmacéuticas, tecnológicas, de diagnóstico y de suplementos ha creado lo que se ha denominado el “complejo industrial del bienestar”. Este complejo alimenta el surgimiento de lo que el autor llama el “yo mercantilizado”. Este fenómeno está cambiando la forma en que percibimos la enfermedad, influyendo potencialmente en las expectativas clínicas, las prioridades de investigación y las agendas de salud pública. Estamos viviendo un experimento global de salud pública.

Una respuesta a las deficiencias sistémicas

Esto no se debe únicamente al comercialismo depredador. Los actores alternativos tienen éxito porque las personas buscan atención oportuna, validación, agencia y conexión. Cuando el sistema formal parece lento o inadecuado, estas plataformas brindan una sensación de control y certeza. Simplemente denunciar la desinformación no es suficiente; puede alienar a quienes realmente buscan apoyo.

Los diagnósticos privados y el seguimiento continuo ofrecen visibilidad cuando las pruebas oportunas no están disponibles. Las culturas de optimización intervienen cuando la medicina convencional parece conservadora o reactiva. La pregunta para los sistemas de salud no es si adaptarse sino cómo. Deben seguir estando basados en evidencia, ser seguros y equitativos y, al mismo tiempo, volverse más receptivos a las experiencias vividas.

El futuro de la salud: transparencia y adaptación

Para comprender la salud en la era moderna, debemos reconocer los motores comerciales y los diseños de plataformas que la configuran. El contenido que consumimos no es neutral; está curado por industrias con acceso sin precedentes a nuestros cuerpos, datos y billeteras. En última instancia, estas fuerzas influyen cada vez más en cómo nos definimos a nosotros mismos: bien o mal.

El trabajo de Deborah Cohen destaca que la mercantilización de la salud no es sólo una tendencia del mercado: es un cambio fundamental en la forma en que percibimos, experimentamos y gestionamos nuestro bienestar.