Explicación de los relámpagos volcánicos: el papel inesperado del carbono

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Durante décadas, los científicos se preguntaron el mecanismo exacto detrás de los rayos volcánicos: las dramáticas descargas eléctricas que se observan dentro de las columnas de ceniza que surgen de los volcanes. Ahora, los físicos creen haber resuelto el enigma: la clave no es la ceniza en sí, sino las diminutas moléculas que contienen carbono que recubren sus partículas.

El efecto triboeléctrico y la ceniza volcánica

Los rayos volcánicos surgen del efecto triboeléctrico, un fenómeno en el que los materiales adquieren carga eléctrica cuando se frotan entre sí. En las nubes de ceniza volcánica, innumerables partículas de dióxido de silicio chocan e intercambian electrones, creando regiones de carga positiva y negativa. Los relámpagos ocurren cuando esta separación se vuelve lo suficientemente fuerte como para generar chispas en el aire.

El misterio de larga data era por qué algunas partículas se volvieron positivas mientras que otras se volvieron negativas. Dado que ambos eran dióxido de silicio, la asimetría parecía inexplicable. Las teorías iban desde la humedad hasta la rugosidad de la superficie, pero ninguna explicaba completamente el comportamiento.

El avance en la contaminación por carbono

Investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria descubrieron que la presencia o ausencia de moléculas basadas en carbono en las superficies de las partículas dicta la dirección de la carga. Al limpiar cuidadosamente las muestras con ultrasonido, invirtieron la polaridad de carga: una partícula limpia cargada de manera opuesta a una recubierta de carbono.

“Vimos que este efecto supera todo lo demás”, explica Galien Grosjean, el investigador principal. Incluso la exposición de un día al aire restableció el comportamiento de carga original a medida que las partículas reabsorbían carbono de la atmósfera.

Implicaciones para la Física

El descubrimiento tiene implicaciones para la investigación triboeléctrica. Daniel Lacks, físico de la Universidad Case Western Reserve, sugiere que esto puede significar que la predicción precisa de la transferencia de carga es fundamentalmente imposible: “Si la contaminación por carbono determina la dirección de carga, calcular con precisión cómo se cargan las partículas será muy difícil”.

El estudio sugiere que el mundo es mucho más desordenado de lo que los físicos imaginaban anteriormente. Los contaminantes no son sólo imperfecciones; son impulsores fundamentales de los fenómenos físicos.

Los relámpagos volcánicos, que alguna vez fueron un espectáculo misterioso, ahora resaltan la sorprendente influencia de los contaminantes cotidianos en procesos complejos. El papel del carbono en las nubes de ceniza nos recuerda que la naturaleza rara vez opera en condiciones estériles, e incluso las moléculas más pequeñas pueden dar forma a eventos a gran escala.