La administración Trump ha debilitado significativamente las protecciones federales para el urogallo mayor, un ave cuya población en disminución indica un estrés ecológico más amplio en el oeste americano. La medida, anunciada el lunes, abre aproximadamente 50 millones de acres en ocho estados a una mayor extracción de petróleo y gas, minería y pastoreo de ganado.
Los cambios: más acceso, menos restricciones
La Oficina de Gestión de Tierras (BLM) sostiene que estas revisiones agilizan el desarrollo y al mismo tiempo salvaguardan los “hábitats clave” para el urogallo. En la práctica, esto significa restricciones más flexibles a la extracción de recursos en áreas donde alguna vez prosperó el ave. Bill Groffy, director interino de BLM, afirmó que el objetivo es “fortalecer la seguridad energética estadounidense”, una señal de que las prioridades económicas ahora superan las preocupaciones de conservación.
Por qué es importante el urogallo
El urogallo mayor no es una especie de ave más. Su destino refleja la salud del ecosistema de artemisa, un vasto paisaje que abarca once estados occidentales. Este ecosistema sustenta no solo al urogallo, con sus famosas exhibiciones de cortejo, sino también a cientos de otras especies, incluidos berrendos, venados bura y alces.
La disminución del ave es alarmante. Las poblaciones históricas de alrededor de 16 millones se han desplomado en un 80% desde su asentamiento, y la mitad de esa pérdida se produjo desde 2002. Esta no es simplemente una crisis a nivel de especie; es un síntoma de la destrucción generalizada del hábitat debido al desarrollo, la agricultura y los incendios forestales cada vez más frecuentes.
La batalla entre la industria y la conservación
El urogallo ha sido durante mucho tiempo un punto de conflicto entre las compañías energéticas que buscan acceso a tierras occidentales y los grupos conservacionistas que luchan por preservar ecosistemas frágiles. Es casi seguro que esta última decisión desencadenará desafíos legales por parte de los defensores del medio ambiente, quienes argumentan que debilitar las protecciones pone en peligro aún más a la especie y al medio ambiente en general.
La reversión de las protecciones del urogallo subraya un cambio en las prioridades, anteponiendo las ganancias económicas a corto plazo a la salud ecológica a largo plazo. Esta medida no sólo amenaza la supervivencia del ave sino que también sienta un precedente para priorizar el desarrollo sobre la conservación en otros ecosistemas vulnerables.























