Una nueva investigación indica que los estados mentales optimistas pueden fortalecer la respuesta inmune del cuerpo a las vacunas, lo que potencialmente abre una nueva forma de mejorar las intervenciones de salud pública. El estudio, publicado el 19 de enero en Nature Medicine, demuestra un vínculo entre una mayor actividad en el sistema de recompensa del cerebro y una mayor producción de anticuerpos después de la vacunación. Esto sugiere que el efecto placebo, a menudo descartado como psicológico, puede tener un impacto fisiológico mensurable.
El papel del cerebro en la inmunidad
Durante años, los científicos han observado una conexión entre la salud física y mental. El estrés debilita el sistema inmunológico; las emociones positivas pueden reforzarlo. Este estudio proporciona la primera evidencia directa en humanos de que la activación de circuitos cerebrales específicos (es decir, la red de recompensa responsable de la motivación y las expectativas) puede amplificar la respuesta defensiva del cuerpo a las vacunas.
El equipo de investigación de la Universidad de Tel Aviv capacitó a voluntarios para regular su actividad cerebral mediante neurofeedback, una técnica que permite a los participantes ver y controlar sus propios patrones neuronales. Aquellos que impulsaron con éxito la actividad en el área tegmental ventral (VTA) del cerebro, una región clave en el sistema de recompensa, produjeron significativamente más anticuerpos después de recibir una vacuna contra la hepatitis B.
Aprovechar el efecto placebo
¿Qué impulsó esta mejora inmunológica? El estudio encontró que los participantes tuvieron más éxito en activar el VTA cuando se concentraron en expectativas positivas durante el entrenamiento de neurofeedback. Esto refuerza la idea de que el efecto placebo (sentirse mejor simplemente porque crees que lo harás) no está sólo “en tu cabeza”, sino que tiene un impacto tangible en los procesos biológicos.
“El placebo es un mecanismo de autoayuda y aquí lo aprovechamos”, explica la neurocientífica Talma Hendler. “Esto sugiere que podríamos utilizar el cerebro para ayudar al cuerpo a combatir enfermedades”.
Qué significa esto para la vacunación
Los hallazgos aún no prueban que el pensamiento positivo pueda reemplazar o mejorar drásticamente los protocolos de vacunación existentes. Sin embargo, abren la puerta a una nueva línea de investigación. Se necesitan estudios más amplios y centrados para determinar si la activación intencionada del VTA mediante neurorretroalimentación u otras técnicas puede mejorar de forma fiable la eficacia de la vacuna.
El diseño inicial del estudio tenía limitaciones. Los dos grupos de control no mostraron diferencias significativas, potencialmente porque la neurorretroalimentación en sí es de refuerzo y ambas condiciones de entrenamiento activaron el VTA hasta cierto punto. Los estudios futuros deberían aislar con mayor precisión la activación del VTA.
Sin embargo, esta investigación es significativa. Si se confirma, podría cambiar fundamentalmente la forma en que abordamos la vacunación, yendo más allá de las intervenciones puramente biológicas para incorporar el poder de la mente. La capacidad del cerebro para influir en el sistema inmunológico es ahora un factor comprobado, y una mayor investigación podría desbloquear nuevas estrategias para proteger la salud pública.

























