Una huella de dinosaurio de 230 millones de años de antigüedad, descubierta en 1958 por un adolescente cazador de fósiles cerca de Brisbane, Queensland, ha sido confirmada como el rastro de dinosaurio más antiguo conocido en Australia. Este descubrimiento hace retroceder la cronología conocida de la presencia de dinosaurios en el continente, revelando que vagaron por lo que hoy es una importante ciudad australiana mucho antes de lo que se pensaba.
El descubrimiento y su historia
La huella de 18,5 cm (7 pulgadas) de largo fue desenterrada en la Cantera de Petrie, parte de la Formación Aspley, y luego pasó por varias colecciones universitarias antes de que se reconociera plenamente su importancia. Desde entonces, el sitio en sí ha sido remodelado, lo que convierte a este fósil en la única evidencia de dinosaurio sobreviviente de la ubicación original.
La huella conserva tres dígitos que apuntan hacia adelante en forma de abanico, característico de un dinosaurio bípedo. A su lado, una ranura lineal sugiere una posible huella de cola, aunque su conexión con el dinosaurio no puede confirmarse definitivamente sin otras huellas circundantes.
Lo que revela la huella
Los paleontólogos estiman que el dinosaurio que hizo esta huella medía alrededor de 78 cm (31 pulgadas) de alto hasta la cadera y pesaba aproximadamente 144 kg (89 millas). Basándose en estas dimensiones, los científicos calculan una velocidad potencial de carrera de hasta 60 kilómetros por hora (37 mph).
La morfología de la huella coincide estrechamente con el icnogénero Evazoum, un tipo de huella asociada con los primeros dinosaurios sauropodomorfos, los precursores de los enormes dinosaurios de cuello largo que dominaron períodos posteriores. El descubrimiento es significativo porque no se han encontrado restos de esqueletos de dinosaurios en la Formación Aspley, lo que convierte a esta huella en la única evidencia física directa de dinosaurios de esta era en la región.
Por qué esto es importante
Este descubrimiento resalta cuán vitales son los rastros fósiles: pueden revelar la presencia de dinosaurios incluso cuando los huesos no han sobrevivido. La huella se conservó en piedra arenisca que luego se extrajo para su construcción en Brisbane, lo que subraya la facilidad con la que la evidencia paleontológica puede perderse en el desarrollo urbano. Sin preservación, este capítulo de la historia natural de Brisbane habría permanecido desconocido.
El hallazgo también demuestra que importantes descubrimientos paleontológicos pueden permanecer ocultos a plena vista, incluso dentro de las capitales. La huella sirve como recordatorio de que la historia de la vida en la Tierra todavía se está escribiendo, un rastro fósil a la vez.
La investigación fue publicada en The Alcheringa, una revista de Paleontología de Australasia, el 1 de febrero de 2026.
























