Investigadores de la Universidad de Maryland son pioneros en un nuevo método para medir objetivamente la flatulencia humana, denominado “Atlas de Flatus Humanos”. El proyecto utiliza biosensores, integrados en “ropa interior inteligente” portátil, para rastrear la producción de gas intestinal las 24 horas del día. Esto supone un cambio con respecto a estudios anteriores que se basaban en la autoevaluación, un método poco fiable dado que las personas a menudo recuerdan mal o subestiman su producción de gases, especialmente mientras duermen.
El dispositivo en sí es pequeño, mide 26 × 29 × 9 milímetros, aunque los investigadores admiten que usarlo debajo de ropa ajustada puede resultar incómodo. Los estudios iniciales revelan que los adultos sanos producen un promedio de 32 pedos por día, significativamente más que las estimaciones anteriores. Sin embargo, las tasas de flatulencia individuales varían ampliamente, oscilando entre cuatro y 59 emisiones diarias.
Los datos recopilados contribuirán al Human Flatus Atlas, un proyecto en curso que invita a los participantes a realizar un seguimiento de su producción de gas en flatus.info. Las personas pueden descubrir si son un “hiperproductor de hidrógeno”, un “digestor zen” o algo intermedio. El equipo de investigación incluso fundó VentosCity para comercializar la tecnología, insinuando una aplicación basada en suscripción para la “salud intestinal”.
El estudio destaca una brecha en la comprensión científica de un proceso biológico fundamental. Hasta ahora, la flatulencia ha carecido de estándares de medición consistentes aplicados a biomarcadores como la glucosa en sangre. Este nuevo enfoque promete una comprensión más precisa y basada en datos de los hábitos digestivos humanos.
Más allá de las implicaciones científicas, el proyecto plantea interrogantes sobre los límites de la recopilación de datos y el potencial de explotación comercial incluso de las funciones corporales más privadas. El equipo advirtió que los sensores podrían no sobrevivir a emisiones sustanciales, recordando el caso extremo de un hombre que visitó un hospital francés después de insertarse un proyectil sin explotar en su trasero.
El futuro de la salud intestinal puede llegar pronto, pero aún está por verse si llegará con una suscripción mensual.























