Se está gestando una revolución en el campo de la oncología, y sus ingredientes más potentes se encuentran actualmente en bóvedas de alta seguridad, sótanos de hospitales e incluso viejos depósitos de desechos nucleares.
A medida que la comunidad médica gira hacia la terapia con radioligandos (un método que utiliza átomos radiactivos para atacar las células cancerosas con precisión quirúrgica), ha comenzado una carrera global. ¿El objetivo? Recolectar isótopos raros de materiales nucleares “heredados” para satisfacer una demanda creciente que los métodos de producción actuales simplemente no pueden satisfacer.
El auge de la precisión dirigida
Durante décadas, la radioterapia ha sido un instrumento contundente, que a menudo daña el tejido sano junto con los tumores. La nueva frontera, la terapia con radioligando, cambia el juego al unir un átomo radiactivo a un “ligando”, una molécula diseñada para buscar y unirse específicamente a las células cancerosas.
El éxito de este enfoque ya es evidente:
– Novartis ha tenido un éxito masivo con medicamentos como Lutathera y Pluvicto, que atacan el cáncer gastrointestinal y de próstata.
– Estos medicamentos generaron 2.800 millones de dólares en ventas para Novartis solo en 2025.
– Los analistas predicen que el mercado mundial de radiofármacos aumentará desde su estado actual a 39 mil millones de dólares para 2032.
Sin embargo, hay un problema. Los tratamientos más eficaces utilizan partículas alfa : emisiones pesadas y de alta energía que actúan como “granadas moleculares”, matando células con muy pocos golpes. Si bien son muy eficaces, los isótopos emisores de alfa son increíblemente raros y difíciles de producir.
La búsqueda del “material más caro del mundo”
El isótopo más buscado para la terapia de próxima generación es el Actinio-225. Es químicamente similar al lutecio-177 que se utiliza actualmente, lo que facilita su integración en los diseños de fármacos existentes. Debido a su potencia y rareza, a menudo se lo describe como el material más caro del mundo.
Actualmente, la producción mundial es inferior a 0,1 miligramos al año. Para tratar a cientos de miles de pacientes, la producción debe aumentar 1000 veces. Para lograrlo, los investigadores están siguiendo tres rutas de “minería” distintas:
- Recuperación de desechos médicos: La OIEA está liderando esfuerzos para recuperar radio de dispositivos médicos antiguos y sótanos de hospitales, que luego puede procesarse en ciclotrones.
- Legados de la Guerra Fría: Empresas como TerraPower Isotopes están recolectando Torio-229 de reservas de uranio-233 (restos de proyectos nucleares de mediados de siglo) para crear un suministro constante de Actinio-225.
- La conexión belga: PanTera está aprovechando una enorme reserva de radio-226 de la República Democrática del Congo (utilizado originalmente en el Proyecto Manhattan) para construir instalaciones de producción a gran escala para 2029.
“Ordeñar” los residuos: nuevas fronteras en plomo y ástato
Si bien el actinio-225 es un pionero, tiene desventajas: su vida media de 10 días significa que la radiación permanece en el cuerpo durante mucho tiempo, y el “retroceso” de su descomposición puede hacer que el átomo se libere de su molécula objetivo, golpeando potencialmente a las células sanas.
Esto ha llevado a los investigadores a explorar isótopos aún más especializados:
Lead-212: la alternativa de ráfaga corta
Los investigadores del Laboratorio Nuclear Nacional del Reino Unido (UKNNL) están trabajando en una solución muy creativa. Utilizan un proceso apodado “ordeñar una vaca”, en referencia a una columna de vidrio especializada (la “vaca”) que procesa desechos nucleares. Al refinar el torio-228 a partir de desechos de uranio heredados, pueden producir Plomo-212.
* La ventaja: El plomo-212 tiene una vida media mucho más corta (10 horas), lo que significa que la radiación se desvanece rápidamente después del tratamiento, lo que reduce los efectos secundarios a largo plazo.
Astatine-211: El especialista en tumores cerebrales
Debido a que el astato es un halógeno en lugar de un metal, se puede unir de manera diferente a los medicamentos, lo que potencialmente le permite cruzar la barrera hematoencefálica. Esto podría abrir puertas para el tratamiento de tumores cerebrales que de otro modo serían difíciles de alcanzar. Empresas como Nusano están desarrollando aceleradores de alta energía para producir en masa este isótopo, con el objetivo de superar a todas las demás instalaciones globales combinadas.
El camino por delante
La transición de la curiosidad de laboratorio a la medicina a escala industrial es una apuesta de alto riesgo que implica miles de millones de dólares en inversiones farmacéuticas. La industria mira hacia 2030 como un año crucial, cuando se espera que muchos de estos nuevos compuestos reciban la aprobación regulatoria.
“Tenemos la gente, las habilidades y el equipo para hacer esto”, dice Howard Greenwood de UKNNL. Para los científicos de este campo, la motivación es más que el simple beneficio; es el potencial de convertir residuos nucleares peligrosos en una herramienta de precisión que salve vidas.
Conclusión: El futuro del tratamiento del cáncer puede depender de nuestra capacidad para transformar los pasivos nucleares en activos médicos. Mientras las empresas se apresuran a refinar isótopos a partir de desechos y materiales viejos aptos para armas, la próxima década determinará si podemos convertir esta “fiebre del oro nuclear” en una realidad sostenible que salve vidas.
