Actualmente arde un importante incendio forestal dentro de la zona de exclusión de Chernobyl, provocado por un ataque con drones a principios de esta semana. Si bien el incendio ha consumido miles de hectáreas de tierra, los funcionarios sostienen que el riesgo inmediato de que la contaminación radiactiva se propague más allá del área restringida sigue siendo bajo.
La magnitud de la emergencia
Según la Reserva de Radiación y Biosfera Ecológica de Chernóbil (CREBR), el incendio se originó después de que un dron se estrellara en el sector sureste de la zona, cerca de los antiguos estanques de enfriamiento de la planta nuclear. Los informes iniciales indicaron que aproximadamente 12 kilómetros cuadrados de tierra quedaron envueltos en llamas. Sin embargo, imágenes satelitales posteriores analizadas por New Scientist sugieren que desde entonces el incendio se ha expandido hasta cubrir 24,4 kilómetros cuadrados.
La respuesta de emergencia ha sido sustancial. Hasta el viernes por la tarde, 331 personas y 75 unidades de equipo especializado estaban desplegadas para combatir el incendio. La operación se ve obstaculizada por graves desafíos medioambientales y de seguridad:
- El clima seco y los fuertes vientos están acelerando la propagación del incendio.
- Las minas terrestres hacen que ciertas áreas sean inaccesibles para los bomberos, lo que obliga a los equipos a priorizar zonas más seguras y dejar temporalmente otras secciones en llamas.
- La exposición a la radiación es una preocupación para quienes trabajan directamente en la línea de fuego.
Riesgos de radiación y seguridad de los trabajadores
Si bien el incendio es intenso, el consenso entre los expertos es que la amenaza a toda la región está contenida. Denys Vyshnevskiy, del CREBR, señaló que los bomberos que trabajan cerca de las llamas están expuestos al aire con altas concentraciones de radionucleidos. Para mitigar los riesgos para la salud, los trabajadores se someten a un riguroso control de la concentración de radionúclidos en sus cuerpos después de cada turno.
“Después del turno, comprueban la concentración de radionucleidos en el cuerpo”, explicó Vyshnevskiy.
A pesar de los peligros en el frente, Vyshnevskiy enfatizó que los niveles de radiación vuelven a la normalidad a sólo 5 a 10 kilómetros del borde del incendio. Olena Burdo, del Instituto de Investigación Nuclear de Kiev, que se encontraba cerca del lugar cuando comenzó el incendio, se hizo eco de esta afirmación. Aunque las restricciones militares impidieron a los científicos entrar en la zona afectada, sólo observó humo y concluyó que el riesgo de que la lluvia radiactiva escape de la zona de exclusión es mínimo.
Una amenaza recurrente
Este incidente pone de relieve la actual vulnerabilidad del sitio de Chernobyl al conflicto militar. La zona de exclusión es frecuentemente atravesada por drones rusos que apuntan a Kiev y otras infraestructuras ucranianas. Esta no es la primera vez que ataques de este tipo ponen en peligro la instalación.
El año pasado, un dron ruso golpeó el Nuevo Confinamiento Seguro (NSC), el enorme arco de acero que alberga los restos del Reactor No. 4. El impacto abrió un agujero a través de la estructura de múltiples capas. Afortunadamente, el impacto se produjo cerca del borde del edificio, lo que impidió que los escombros cayeran sobre el frágil sarcófago del reactor que se encontraba debajo. Si eso hubiera sucedido, podría haber provocado un colapso y liberado material peligrosamente radiactivo a la atmósfera.
Perspectiva
Los bomberos tienen la esperanza de que la lluvia que se espera más tarde ese día proporcione ayuda fundamental para contener el incendio. Hasta entonces, las cuadrillas continúan combatiendo el fuego mientras sortean el doble peligro de la radiación y las municiones sin detonar.
La situación actual pone de relieve un dilema persistente: si bien los riesgos ecológicos y radiológicos inmediatos para el público en general parecen contenidos, los repetidos ataques contra la zona de Chernobyl plantean una amenaza a largo plazo para uno de los emplazamientos nucleares más sensibles del mundo.
