Cómo una colisión de hace 10 mil millones de años volteó la Vía Láctea

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Sucedió antes de que el sol fuera siquiera un destello en el ojo cósmico.

Hace unos 10 mil millones de años, nuestra galaxia sufrió un impacto directo. Una galaxia enana conocida como Gaia Sausame llegó a toda velocidad, de cabeza, hacia el corazón de lo que se convertiría en la Vía Láctea.

El resultado no fue sólo una fusión. Fue un reordenamiento cósmico. Todo el disco estelar de la Vía Láctea quedó volteado. Más de 90 grados. En la posición que vemos hoy.

La Gran Mezcla Galáctica

Se podría pensar en las galaxias como discos de luz estables y giratorios. No lo son. Están desordenados. Violento. Caótico.

Investigadores de la Universidad de Durham finalmente han determinado exactamente cómo ese caos reorientó nuestro hogar. Utilizando simulaciones por supercomputadora, modelaron galaxias similares a la Vía Láctea que chocan frontalmente con galaxias enanas masivas como la Salchicha de Gaia (GSE).

Las simulaciones fueron claras. Las colisiones frontales provocan un “volteo de disco”. Es lento. Gradual. Pero irreversible.

“Probablemente se necesiten al menos unos cientos de millones de segundos”, afirma Kirill Batrakov, investigador principal del proyecto. Esperar. Cien millones de años.

El caos no sólo destrozó al intruso. Reorientó toda la galaxia anfitriona.

Resolviendo el misterio de Halo

Esto no es sólo geometría teórica. Explica una verdadera anomalía astronómica.

Las estrellas del disco de la Vía Láctea orbitan a altas velocidades. Unos 220 kilómetros por segundo. Eso es estándar. Previsible.

¿Pero el halo? ¿La escasa nube esférica de estrellas viejas que rodea el disco? Se mueven de manera diferente. Drásticamente.

Giran mucho más lento. Unos 25 kilómetros por segundo.

¿Por qué la disparidad? Durante mucho tiempo nadie lo supo. Algunos asumieron que así era como se formaban las estrellas del halo. Otros adivinaron las interacciones gravitacionales. El equipo de Durham miró más de cerca. Observaron los datos de la simulación.

Las colisiones frontales crean patrones orbitales específicos. Dejan estrellas que se mueven lentamente en el halo. Le dan la vuelta al disco. Las matemáticas se alinearon perfectamente. La lenta rotación del halo era la huella digital de un impacto antiguo y violento.

Evidencia de la Misión Gaia

La historia comenzó en 2018. La misión Gaia de la Agencia Espacial Europea cartografió las posiciones y velocidades de más de mil millones de estrellas.

Algo estaba raro.

Un subconjunto importante de estrellas siguió órbitas radicales en forma de salchicha. Estas no eran estrellas nativas. Eran invasores. Rastreadores de una galaxia enana que había sido destrozada y absorbida.

El intruso fue nombrado Salchicha Gaia por la forma de su campo de escombros. Pero eran más que simples escombros. Era evidencia de un cataclismo.

Esos datos de 2018 confirmaron la colisión. Esta nueva investigación explica la consecuencia estructural. La Vía Láctea no sólo resultó dañada. Fue transformado.

La última gran revisión

Los astrónomos ahora reconocen este evento como la última gran fusión de la Vía Láctea. Reformó el bulbo galáctico. Pobló el halo estelar. Cambió nuestra geometría galáctica.

¿Qué tamaño tenía la salchicha Gaia?

Para los estándares de los enanos, era enorme. Contenía estrellas, gas y materia oscura equivalente a más de 10 mil millones de veces la masa de nuestro sol.

Para poner esto en perspectiva, imaginemos un objeto del tamaño de una ciudad chocando contra uno del tamaño de un país. La onda expansiva se sentiría en todas partes.

¿Qué viene después?

No vamos a pasar por un cambio en el corto plazo.

Aún faltan unos cuantos miles de millones de años para que se produzca el próximo gran trastorno. Se tratará de la Gran Nube de Magallanes, una galaxia enana cercana. ¿Pero por ahora? La Vía Láctea es estable.

Sin embargo, actualmente nos estamos fusionando con la galaxia enana de Sagitario.

Pero esta fusión es diferente. Sagitario es mucho más pequeño. Menos masivo. No volteará nuestro disco. No remodelará el bulto.

“No es tan masivo como lo era Gaia… por lo que no influirá tanto en la Vía Láctea”, señala Batrakov. “La propia Vía Láctea es mucho más masiva que en aquel entonces”.

La galaxia que vemos hoy es un monumento a una antigua colisión. Un giro que se produjo cuando el universo apenas tenía la mitad de su edad actual. Recién ahora nos estamos poniendo al día con su física.

El halo gira lentamente. El disco gira rápido. Y en algún punto intermedio, el fantasma de una galaxia con forma de salchicha continúa su larga y lenta agonía.

No ha terminado. No precisamente. Pero por ahora, el cambio está hecho.